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semaforo (un semaforo)
28/02/2012 20:03
laura broitman

Estoy al volante y son algo menos que las 7 de la mañana. Estoy bastante tenso porque finalmente después de muchos intentos tímidos ha accedido a concederme una cita. Bueno, no es exactamente y propiamente dicho una cita. Un encuentro y desde ahí se podrá hablar y tal vez hacer respecto a muchos temas que nos conciernen. Que yo pienso que nos conciernen. Nos. Creo que ya hay bastante más que eso. Y también se puede considerar un encuentro más que meramente encuentro.  Lo que sí, nos conocemos hace poco, hemos ido más allá de una sonrisa formal, un saludo cortés, un encuentro fortuito en uno de los corredores de la oficina. Yo soy uno de los lectores de la editorial y hace tiempo que trabajo en el lugar. Para redondear esta breve biografía, estoy casado,  casamiento tardío, ella maestra de secundario, teatro y arte en general. Digo que me casé tarde porque estuve viviendo con mi madre y generalmente las candidatas que le traía no eran de su agrado. Ésta por cómo se vestía, la otra porque fumaba, otra más porque le parecía dilapidadora. Claro que estas cosas llevaban su tiempo, había noviazgos y hasta ideas difusas de casamiento pero entonces, lentamente, las objeciones de mi madre se iban filtrando en mi mente vacilante y finalmente lograba su objetivo. Como nunca se trató de grandes pasiones, y si hubo amagos se diluyeron muy pronto, las separaciones no eran traumáticas y simplemente se pasaba a otra cosa. Lo cierto es que finalmente llegué al altar, un decir, mi madre por problemas de salud no puso tanto empeño en frustrar esa relación porque, dijo, ella estaba por irse y alguien tenía que cuidar de su hijito, así que con ésta sí y se terminó aquello de con ésta no. ¡Pero qué tontería! Nadie piensa así a menos de estar llenando un formulario o presentándose para un trabajo, menos plausible, o en una primera sesión con un psicólogo, más plausible. Mucho más pertinente en general (no diré razonable porque no viene al caso y me quedaré con un simple mucho más, sin precisar) sería acordarse del perfume de una mujer o mujeres, de su suéter rojo ajustado y apretado, de su cadera en la cama, de sus lágrimas cuando yo estiraba una respuesta o contemporizaba para no comprometerme, de sus improperios, de sus besos, de su abandono, de su demanda de satisfacción, de ese momento laborioso que finalmente culmina, de caminar juntos, de las discusiones con mamá, de los portazos, de los arrepentimientos, de imágenes que se interponen y hay que rehuir. Estoy metido en estas reminiscencias y de repente se me cruza un idiota y casi choco. Siento en el pecho una presión angustiosa, el corazón palpita y se altera mucho. Son tantos los imbéciles de los que hay que cuidarse, no basta con hacer bien las cosas, suficiente con que uno de ellos interfiera, que uno se distraiga y todo el cuidado se va al demonio. He avanzado poco, hay un gran atasco y estoy dudando qué carril sería más conveniente tomar. En otros tiempos me cruzaba de uno a otro y probablemente alguien pensara de mí entonces, lo que pienso de éste ahora. Con el tiempo y la experiencia me di cuenta de que todas esas maniobras pueden hacer ganar apenas unos minutos a lo sumo, y si uno las hace, es más para aplacar la impaciencia y hasta parecer más listo que los otros que para una real ganancia de tiempo. Es una cosa de juventud o de gente que piensa que hacerlo la aleja de la convención, de ser conservador, de acercarse a ser un viejito, si se quiere exagerar un poco.  Eso no quiere decir que me haya vuelto excesivamente cauto, meramente más precavido. Miro el reloj, quedan quince minutos hasta el semáforo de la cita (la estación de autobús, más exactamente) y pareciera que todo el mundo hubiera decidido volcarse a esta carretera que generalmente a esta hora ya está bastante llena pero no tanto cuando se agregan a los vehículos los nervios que podrían oficiar metafóricamente como otros tantos. Tal vez haya cometido un error al fijar la cita justo en el semáforo cercano a su casa que, pensándolo bien sólo ahora, tiene el inconveniente de que ahí no se puede estar parado mucho tiempo, autobuses, etcétera, qué digo mucho tiempo, casi nada. Es que una vez aceptada y convenida la idea no quise darle tiempo para arrepentirse lo que tal vez hubiera ocurrido en el caso de comenzar a deliberar sobre la hora y sobre el lugar ponderando los inconvenientes que podrían hacer malograr fácilmente el tímido intento y posponer la ocasión indefinidamente si no anularla de plano. Los recuerdos de experiencias anteriores intervinieron para evitar recurrencias conocidas, pasar del caliente al tibio y luego al franco frío. Algo hay en ella que me atrajo desde un primer momento a pesar de que mis intereses, en un principio, no incluían otro femenino. Una amiga me ha expuesto su teoría, que creo acertada, sobre la actitud de los hombres en caso de divorcio o separación – ellos no son los que toman la iniciativa, son las mujeres las que lo hacen, o es una la que los echa del matrimonio o es otra la que los saca de ahí por los pelos. Mi caso es que además de estar casado y bastante harto de eso pero sin voluntad para salir de la institución, tengo relaciones sobrias y medidas con una colega de la universidad, trabaja en algo afín y nuestros encuentros, por decisión mutua, tienen ese agradable sabor de algo conocido, de algo no exigente que da lo que puede porque no se quiere pasar a mayores. La cosa es satisfacer los no muy pronunciados deseos, conversar, salir a algún teatro sin ostentaciones por supuesto. Nuestra situación es casi simétrica sin obligaciones formales, estamos juntos cuando queremos (cuando las posibilidades individuales coinciden) y porque queremos, claro que cuidando las apariencias, no soy partidario de confesiones que a la larga, pese al bochornoso perdón, dejan rémoras que con el tiempo se transforman en insuperables obstáculos, y si se trataba de todas formas una manera de mantener el marco, éste se va deteriorando hasta desintegrarse inexorablemente. Ella, no la colega, trabaja en otra sección pero yo no quise dejarlo todo al ciego azar, había que ayudarle porque al menos yo no estaba ciego. Por los treinta, bajita (una ventaja), cabello corto (también), negro, ojos almendrados (imposible librarse de lugares comunes), frente despejada, debajo de los suéteres se podía adivinar algo no ostensivo pero firme que justamente de alguna manera me atrae, jeans que hablan bien de la parte inferior, sin embargo las más de las veces luce una de esas faldas escocesas, pero sobre todo casi siempre una sonrisa breve que tiene algo de misterio. Fantasías. Una descripción que no vale mucho ya que no representa ese algo sensual que emana de ella, un calor contenido. Y no sólo mis ojos perciben, a través de ellos entran en funcionamiento otros sentidos y un cosquilleo que incita a atreverse a más de lo habitual, que generalmente es muy moderado y en teoría no sería difícil de superar pero el desuso de osadías y la renunciación a aventuras o deseos ocultos han fijado una conducta harto sobria. Estoy prácticamente parado. Miro alrededor. A mi lado izquierdo una mujer se mira en el espejo. Del lado derecho un hombre habla y se ríe solo. Estoy mirándolo, es lo que se dice apuesto pero de pronto se rasca la nariz y mete un dedo el muy asqueroso, pienso que en algún momento tendré que pasar a su carril. Pero no hay apuro. ¿Cómo que no hay apuro? Quedan doce minutos. Generalmente soy puntual pero justo hoy un camión que chocó con un auto ha bloqueado, veo, un carril, y esa eventualidad irritante no había sido parte de mi rauda fantasía al salir de casa que, así sentía, superaría cualquier inconveniente por inimaginable que fuese. No ponerse nervioso, no sirve para nada, me digo. Pero el otro yo me acosa y me reconviene por mi desidia, podías haber salido antes, llegarás tarde y todo se te irá al demonio. Pero trato de dejarlo de lado, si bien ya sé que volverá a presentarse en el momento menos pensado. La vez siguiente que pasé por su sección, diré la próxima porque hubo varias antes, le hice algunas preguntas respecto a un asunto sobre el cual me había informado de antemano y del que se ocupaba su sección. Me contestó de manera amable, escueta y práctica. Antes yo me había presentado, Mucho gusto, contestó. Su nombre figuraba en la tarjeta que llevaba prendida a la blusa blanca, no siempre el suéter. Para no ser meramente formal comenté que las cosas no son siempre lo que uno se imagina. Y como me estaba prestando atención y para hacer conversación le conté mi teoría que llamo el argumento del policía. Sonrió levemente y me preguntó en qué consistía.  Digamos que está en un atasco en una carretera, no importa cuántos carriles tenga pero para que no nos ocupemos más de eso diré que tiene dos, y por supuesto dos en la otra dirección, eso no nos importa porque somos egoístas y nos preocupamos sólo por nosotros. Otra sonrisa. Avanzamos a paso de tortuga o a vuelta de rueda como se suele decir, pero tenemos que seguir en el auto porque de todos modos adelantamos algo y no es cosa de parar para hacer un picnic, imposible. Dejemos de lado inconvenientes fisiológicos como alguna necesidad de hacer algo que no se puede hacer dadas las circunstancias. Nuestro cerebro funciona a mil por hora, al revés del auto que casi no se mueve. ¿Qué demonios habrá pasado? (como estamos solos y nadie nos puede escuchar decimos naturalmente algunas palabrotas más) ¿Un accidente? ¿Algún auto que se haya averiado o estuviera hirviendo? ¿Incendiado? Al lado nuestro la gente maldice como nosotros, somos una acumulación de maldiciones que no tiene un destinatario fijo, puede ser a alguien que nos haya hecho viajar a esta hora en este camino, cualquier cosa, uno mismo por ejemplo. Para peor, el aire acondicionado no funciona, o más bien lo apagamos porque el motor se está calentando demasiado. Sudamos. Dudamos si sacarnos la camisa, o en su caso de usted, no sabría. Pero se quedaría en corpiño solamente, eso no estaría mal ahora que lo pienso, no obstante no lo digo, sería una familiaridad que aún no ha sido alcanzada y que podría rebotar duramente. Seguimos avanzando así con los nervios de punta y voy a acortar porque tengo que volver a la oficina. Finalmente después de media hora llegamos al cruce dónde generalmente hay un semáforo pero desde lejos ya hemos visto que la luz amarilla parpadea, es decir que no funciona. Al llegar a la intersección con la otra carretera vemos que hay un policía sudoroso dirigiendo, o tal vez sería más correcto decir amagando dirigir el tráfico. ¿Qué nos pasa por la cabeza en ese momento? Dos posibilidades. Una, el inepto este es el culpable de todo lo que hemos sufrido hasta ahora, sin duda no tiene idea de cómo equilibrar el tráfico entre las carreteras y seguramente a ellos les habrá dado mucho más paso ese hijo de mala madre. En fin, un necio que seguramente tiene preferencias para con ellos. Otra, la verdad es que tuvimos mucha suerte de que el tipo estuviera ahí dirigiendo el tráfico, bastaría imaginarse lo que sucedería en su ausencia, todos se meterían a la intersección y en pocos segundos todo estaría completamente paralizado en todas las direcciones. Los hechos son indiscutibles, el semáforo no funciona, el policía está ahí dirigiendo el tráfico pero la interpretación de lo que haya ocurrido es nuestra, podemos elegir, y ese es el argumento del policía que, si se quiere, puede extenderse a otros terrenos de la vida. ¿Sería eso que vi en sus ojos fuera un brillo apreciativo? No hay nada apreciativo en el bocinazo de atrás porque me distraje un poco con mis pensamientos. Además, el auto del lado izquierdo ha sido sustituido sin que me diera cuenta y ahora es un Mercedes cuyo dueño me mira con desdeño. ¿Qué pensará? ¿Por qué no te mueves, cabrón?, seguramente. Es por gente como tú que estamos clavados aquí. No me mezclaría con gente como tú con esa carreta que estás conduciendo. Bueno, dejemos esas tonterías, me digo, no le voy a hacer caso, ya me moví, desapareció y quedó atrás, una pequeña victoria para que por al menos tuviera yo motivos necios para fanfarronear. Le hice ese gesto universal del dedo medio que lo que significa es del dominio general. Un gesto vano que agrega algo más a la satisfacción mínima pero generalmente no le hace ninguna mella al obtuso destinatario. ¿O sí? De repente alguien me da un golpe en el vidrio. ¿Será que el tipo se bajó y viene a darme una lección? Primero no miro, si no me doy por enterado tal como vino desaparecerá. Como precaución bajo el botón de la puerta. Otro golpe. No quiero pasar por miedoso y miro. Es un hombre joven, renguea un poco, despeinado, sin afeitar, indumentaria desaliñada, con un vasito de plástico, un pordiosero que ha madrugado para ir a su trabajo con el aspecto adecuado; hoy será un día muy provechoso porque no nos movemos. Casi. Dudo un momento ante su insistencia, me resulta un poco repugnante pero finalmente abro la ventana y le echo una moneda al vaso que resuena con un alegre sonido metálico al encontrar a otras semejantes que ya estaban ahí esperando. Su gracias viene acompañado por un tremendo vaho de alcohol en el cual se habrá gastado las entradas de ayer. Vuelvo a cerrar la ventana, el aire está lleno de los gases de los tubos de escape. Me había acercado a ella y podía respirar su perfume ligero a rosas, pero algo más, algo raro que no sabría definir, no soy muy experto en esas cosas, pero su aliento cálido, otra vez ese perfume, me alteró un poco y creo que hasta me ruboricé. De todos modos ya no sabía que decir así que me despedí y le dije que me gustaría conversar con ella otra vez. Sonrió levemente pero sus labios quedaron sellados. Volviendo a mi oficina pensé en lo estúpido que soy, que todo lo que se me ocurrió fue esa nimiedad en vez de ir por algo más positivo. Así estuve rumiando unos minutos más antes de sumergirme en el trabajo que no funcionaba bien porque estaba muy distraído. Pasé algunas veces más por su oficina, sentí que me estaba portando como un adolescente y por lo menos en cuánto a experiencia los años la habían limado y si bien yo no tenía la ingenuidad de esa edad, sí me quedaba su vergüenza y su timidez. Había que buscar un modo más prometedor. Algo casual, fortuito, y que no dejase de parecer eso precisamente, casual. Una tarde la seguí a cierta distancia con el objeto de preparar el terreno para un encuentro imprevisto. Vi que nadie la esperaba a la salida del edificio, buena señal, y que caminaba pausadamente sin apuro mirando los escaparates pero sin entrar a ninguna tienda. Al otro día salí más temprano y me vine de vuelta a la oficina caminando y con un diario, sumido en mi estupidez supina, que me puse a hojear y no me di cuenta de que pasó a mi lado y yo seguí adelante sin percatarme de haber perdido ese tren, por decirlo de alguna manera. Después pensé que tal vez podría sacar provecho de mi torpeza. Al día siguiente me vine de vuelta con el diario bajo el brazo y chocamos porque ella iba muy distraída mirando la tapa de un libro que se le cayó al suelo por el súbito encuentro, no meramente un encuentro sino un encontronazo intempestivo. Nueve minutos. Estoy muy nervioso porque no voy a llegar a tiempo. La ansiedad y el temor de fallar irremisiblemente, algo sucedido en otras ocasiones pero especialmente en una cita laboriosamente concertada que se malogró sin posibilidades de reparación por el estallido bélico inesperado, porque al ver de los dirigentes todo estaba bien y nada extraordinario se debía esperar del otro lado, esos recuerdos me ponen en ese estado de ánimo a tono, cierro los ojos y en mis manos tengo súbitamente  una ametralladora, salgo del auto y comienzo a balear a los conductores. Ya no me importa nada pero el ruido es enorme. Abro los ojos y en la margen de la carretera pasa a toda velocidad una moto con el escape abierto. No hay ametralladora, todos a mi alrededor siguen ahí vivos, en ese merengue instintivo no se me ocurrió pensar que si estás vivo aún puedes moverte por pequeño que fuese ese movimiento. Sigo con creciente nerviosidad, una combinación del temor que la ocasión que se perdiera y una incipiente irritación con alguien no determinado..Me incliné para levantarle el libro y pedirle disculpas. ¡Usted, qué casualidad!, exclamó, gracias y disculpe, estoy un poco atolondrada. ¿Y qué libro es ese? Una novela para pasar el rato, no algo de lo cual nos ocupamos, voz melodiosa. ¿Está muy apurada?,  yo todavía no tengo que volver, ¿aceptaría tomar un café por aquí cerca? Ya que se pueden usar lugares comunes, no le tengo que pedir permiso a nadie, una sombra de duda cruzó su frente, sí, pero sólo unos minutos, porque tengo que estar a las cinco en casa. ¿La esperan?, pregunté indiscreto y en seguida me arrepentí, la verdad es que no debía preguntarle, disculpe. No, es que tiene que venir una amiga a dejarme a su niño por dos horas. ¿Y cómo piensa ir? Con el autobús, por supuesto, como de costumbre. Ahí me envalentoné y le ofrecí llevarla después del café, yo podría ingresar al trabajo aún más tarde. Si fui demasiado lejos eso se vería al cabo de unos segundos de deliberación interior. Bueno, accedió, eso del café está bien pero por lo otro no quiero molestarlo, no vivo demasiado lejos y tengo una buena comunicación. Le propuse que fuéramos al café sin hacer grandes planes, ella decidiría, mi oferta quedaría en pie. Mi corazón había cambiado de ritmo, en realidad el ritmo era irregular, ¿sería algo africano? Divagaciones en el camino al café. Café es siempre una clave para iniciar algo, no sólo el lugar sino también la bebida. ¿No quieres subir a tomar un café? Pero no hacía falta subir a ningún lado porque el café estaba ahí nomás y además probablemente no accedería. Bastante lleno, alguna vacilación y elección de una mesa libre cerca de la salida. Ruido de gente, camareros y música rítmica para poner los oídos y la garganta a prueba. Y los nervios a prueba con esta lentitud pero de repente hay un movimiento y las esperanzas que estaban por el suelo suben unos peldaños, ahora es cuestión de tomar el carril de la derecha y logro meterme entre dos autos y al de atrás seguramente le doy algo que pensar sobre mi madre, pero no me importa. ¿Qué culpa tiene ella de lo que hace su hijo? Ella lo hizo pero no hace lo que él hace. O ¿qué culpa tiene de lo que no hace?, como por ejemplo ponerle más atención que visitarla dos veces por mes en el hogar para la tercera edad. Se la ve bastante demacrada pero se siente aún algo de la fortaleza de antaño. No me acuerdo a raíz de qué me dijo en una de mis últimas visitas, tú también llegarás aquí, debieras poner orden en tu vida. Y yo pienso que hay demasiado orden en mi vida y heme aquí poniendo ese orden en peligro, o por lo menos tentando al desorden a tomar control a pesar de que esto podría sonar a oximorón a primera vista. Y tal vez fuese absurdo lo que estaba haciendo, tratando de establecer alguna relación con una mujer probablemente veinte años menor que yo. ¿Qué atractivo puedo tener para ella? Sí, bueno, humor, saber un poco, inteligencia relativa, pero lo que más cuenta es que le tengo muchas ganas totales. Y entonces estamos en el café y siento el calor que emana de ella, de mí, y de ambos y las palabras sólo sirven para alejar y acercar, mucho cuidado de no disgustar, esa es la cosa, el resto simplemente se siente. ¿Me engaño? No lo sé, creo que no. Es casada, su marido se mueve mucho en su profesión, no hay hijos y tiene que irse por ese compromiso del cual hablaba. Repito mi oferta, mira el reloj, será que se hizo un poco tarde o un pretexto para aceptar, sea lo que fuere, llegamos a mi auto, en ese que estoy ahora impaciente porque miro el reloj y quedan cinco minutos hasta el semáforo. Avanzamos un poco y de repente una sirena. ¿Será un auto de policía que viene a rescatarnos o tal vez una ambulancia para alguien que de pronto se hubiera encontrado en una cita diferente de una programada o la que imaginaba? Pasa raudamente por el arcén de la derecha y su ulular me penetra en el oído y me aturde. Como no puede seguir comienza a hacer esos sonidos de pato además de la sirena y con la apertura que le hacen nos movemos y hasta llegamos (ese plural nos abarca a todos los que estamos en el atasco que nos mancomuna en un mismo destino) a un semáforo. Algunos pasan hasta que cambia la luz, y yo desesperado por no llegar a tiempo al semáforo de la cita paso en rojo y oigo otra sirena y el corazón se me para porque veo las luces titilantes de un auto de policía. Me detendrá y adiós cita. Pero para mi gran sorpresa sigue de largo, el chofer me echa una mirada furiosa pero parece que lo que le interesa es ir en pos de la ambulancia. Ahora mi corazón palpita. Sí, porque ella ha accedido   a que la llevase a casa, hubo algunas dudas, me pareció, pero me dio el sí. En el auto en el que había hecho un poco de orden, contrariamente a mi costumbre de andar apilando cosas en el asiento de atrás, hablamos del trabajo, me dijo que tenía un jefe insoportable que sólo quería hacerse valer como jefe, y la verdad es que ella le deseó tantas cosas malas que finalmente lo cambiaron, agregó riendo, pero no por lo que yo hubiera deseado sino que realmente era un inepto y hasta los superiores a los cuales no les gusta admitir sus errores debieron reconocer que se habían equivocado y no quedaba otra alternativa sino reemplazarlo; eso fue hace poco, y el nuevo deja vivir y si una hace las cosas como corresponde, no se mete. Entonces ahora estás contenta, le dije pasando a tutearla. Contenta, no sé, tal vez más contenta que antes. Un viaje de unos veinte minutos, detuve el auto ante la casa de apartamentos que me indicara y ahí estaba una mujer con un niño parados ante la puerta de entrada. Ay, qué vergüenza, me están esperando. Gracias, te veo, se inclinó, me dio un beso fugaz en la mejilla y salió. Un beso en la mejilla y salió, repitió mi mente. La mujer con el niño me miró extrañada y éste corrió y abrazó a mi inesperada compañera de viaje. Muchas efusiones repentinas para mis costumbres sedentarias. Cuatro minutos. Hay que moverse, decido volver a mis aventuras juveniles, pasarme sin miramientos de un carril a otro con tal de ganar unos metros y,  como la tierra prometida,  el semáforo se ve de bastante lejos. ¿Llegaré a tiempo? En este caso Moisés acaso sí llegará a la tierra prometida pero si no llega a tiempo es como si no hubiera llegado. Ahora ya iba a visitarla casi a diario a su oficina sin necesidad de buscar pretextos. Y varias veces salimos a tomar café y la conduje a su casa y nos quedamos en el auto charlando un rato, no había niño ni mujer de por medio, ni marido para el caso. Beso en la mejilla, ahora mas prolongado y ojos brillantes que me miraban. Y ahí fue donde ofrecí venir a buscarla temprano y le sugerí que podríamos entrar un poco más tarde al trabajo. Me miró largamente y yo fui presa de unas sensaciones inusitadas que no había sentido desde hacía muchos años. Asintió levemente y me dijo que me estaría esperando en el lugar, no en la casa que quedaba muy cerca de la carretera, en la estación de autobús, claro, pero que por favor fuera puntual porque no podría quedarse ahí mucho tiempo, vecinos, ¿sabes? Le pedí que viniera con la falda escocesa, más fácil de reconocer en ese lugar a esa hora. Se hizo la ofendida, ¡cómo no me vas a reconocer! Otro beso, traté de retenerla pero se escabulló y desde afuera me mandó un beso con un dedo después de apoyarlo en su boca. Mi corazón palpitaba descontrolado, completamente desacostumbrado a esas velocidades. ¿Y ahora qué demonios pasa? El volante se ha descontrolado y me arrastra a la derecha al arcén donde de alguna manera puedo dominarlo. Salgo del auto y creo constatar que la rueda delantera de la derecha está relativamente algo desinflada. Me maldigo por no haber mirado, me pareció que anoche al volver le faltaba aire como a mí ahora. ¿Pues qué  hago? El semáforo está a la vista pero todavía falta un buen trecho. Y el reloj indica que faltan dos minutos. Si me pongo a cambiar la rueda pierdo unos diez minutos, además la falta de práctica los convertirá fácilmente en quince, se me tomaría la espalda y mis algo osadas fantasías no podrían realizarse de ningún modo. Ponerme a correr a lo largo del arcén tampoco me parece una opción, llegaría con la lengua afuera, jadeando, no un espectáculo digno, además qué alternativa será esa a la del vehículo prometido que mal que mal, todavía podría resistir un poco, le he tratado generalmente bien y me debe algunos favores, y éste es precisamente el momento para implementarlos. Soy ya una papilla de sudor, angustia, irritación, ¿humillación?, pero debo cumplir mi promesa tanto a mí mismo como a ella. Me vuelvo a embarcar en el auto, en realidad no estoy tan convencido de haber llegado al arcén por un desperfecto, tal vez más bien por uno de esos degenerados que se te meten en el camino y te empujan a un costado y yo habré querido evitar la colisión que, pese a ser tal vez ínfima, me metería en discusiones insensatas y echaría mis planes de los cuales ya no estoy tan seguro por tierra. En realidad ya no me importan tanto las regulaciones, en el arcén al que me relegado el azar, podré avanzar y por los aullidos de las sirenas probablemente tengan cosas más serias que ocuparse de otro de los infractores desesperados. A veces hay quienes siguen a una sirena porque abre inesperadamente un camino, el hecho de que alguien esté en una situación de emergencia no los calienta, al revés, una buena manera de aprovechar su infortunio. A lo lejos se percibe mi semáforo pero se está acercando de manera desenfrenada, comparativamente por supuesto, y eso de atreverse a una contravención física pese a mi carácter recatado y mis temores atávicos, tiene un elemento excitante de inesperada libertad, una combinación de temor y osadía inverosímil en mí. Esa proximidad del semáforo me recuerda uno peatonal, que le marca el tiempo a las alternativas de rojo, parado y verde de piernas separadas como andando, pero en este último caso la figurita verde se pone a andar, luego a correr levemente y finalmente entregándose a una carrera frenética cuando quedan algunos segundos para pasar al rojo, estuve ahí parado, fascinado por la inventiva inesperada de creatividad como de dibujo animado en ese lugar de todos los lugares. Me apuro ahora, sudo ansioso, temo que el semáforo cambie de luz antes de llegar a la intersección pero mi corazón se salta algunos latidos cuando el  impacto en el paragolpe me parece transmitir un choque con una figura fugaz al pasar en rojo, una mujer corriendo, me parece, una falda escocesa, me parece.  

HENRY WHEICH

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reflexiones
04/02/2012 16:40
laura broitman

Todos los dias aparecen nuevos temas para reflexionar. Por ejemplo, a  mi se me ocurre plantearme  en que se pueden relacionar dos temas, o, mejor dicho , dos materias que me interesan personalmente: la filosofía y la literatura. En realidad , podría decirse, que lo que me interesa realmente es lo que de manifestación humana tiene cada uno de estos temas. Se que suena algo redundante hablar de manifestaciones humanas en hechos relacionados con la cultura, pero lo digo en el sentido de temas que abarcan conceptos creados por los hombres y que a su vez tienen como objetivo estos mismos hechos humanos, en una especie de metalenguaje que tiene como objeto de estudio a si mismo.

 Volviendo a la relación entre literatura y filosofía, creo , y lo vengo sosteniendo hace tiempo, que la psicología social relaciona una con la otra. El arte en general y la literatura en particular, incide en el comportamiento humano tanto como los hechos humanos, cotidianos o no, inciden en el arte. El estudio del lenguaje literario , del hecho literario, sus temas, la forma de tratar estos temas, las opciones de los creadores, en una determinada época, lo que resulta transgresor y lo que, por el contrario, entroniza y afianza un sistema determinado, son signos que van pautando la evolución del pensamiento humano, de la Cultura.

 Por eso sostengo que cuando las épocas cambian, cambia el lenguaje artístico. Pero de la misma manera, cuando el lenguaje resulta innovador, transgresor, fermental, cambia , a su vez, y en mayor medida, la mentalidad social. Entonces resulta que los cambios de lenguaje artísticos no son consecuencia de cambios en las sociedades, sino que son causa de estos cambios.

  La fislosofia, por su parte, tiene como objeto de estudio el ser en el mundo, las relaciones del ser humano con los hechos.  Hechos provocados por los seres humanos pero, que, muchas veces, se escapan de sus manos. Ejemplo de esto son los entramados económicos que en este momento se han aduenado del mundo. La tecnología es otro ejemplo de cómo estos hechos humanos van influyendo en el ser colectivo provocando una polarización entre los individuos, entre informados y no informados, entre consumidores y no consumidores que no hace otra cosa que encubrir la vieja  diferenciación entre ricos y pobres. Se constituye asi una nueva discriminación entre los hombres, aunque la discrimanacion mas importante es la que planteas la economía, pero que vienen  siendo la misma cosa.

  Que lugar ocupa el arte en este entramado complejo ya no tan claro como en otras épocas? Porque si bien el mundo se muestra, aparentemente, como menos cruel (por lo menos en sociedades mas cercanas a nosotros, y con la globalización como zanahoria detrás de la ciual corre el mundo) las diferencias entre seres humanos se han ido intensificando. Si bien el mundo ya no esta dividido en dos sistemas económicos y sociales tironeando de uno y otro lado, esta siendo mucho mas dividido, partido , destrozado, por el hecho de que lo deseable es mas estereotipado, reglamentado, masificado y consumible.

 Y el arte, preguntaba, que papel juega en todo esto? Aparentemente, insignificante al comparárselo  al hecho de estar gobernados por esta nueva tecnocracia, al hecho de los conflictos que esto conlleva, etc. Pero no es asi, y aca , otra vez debemos reflotar el concepto de influencia reciproca del arte y de la realidad.

 Creo, aun pecando de confianza excesiva, que el artista es el faro de la humanidad (Ezra Pound), pero sin ninguna connotación egocéntrica, sino que es el arte( con su carga de información, de educación de las mentes colectivas) el único capaz de democratizar el conocimiento y con esto, democratizar (un tanto) el mundo.

                                                LAURA BROITMAN
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comentario sobre almodovar
28/01/2012 18:46
laura broitman

Vi, como mucha otra gente, "La piel que habito"  , de Almodovar, y debo decir,a riesgo de  sonar redundante, que me gusto, y que me gusto mucho, ademas. En un primer momento, como me pasa con todas las peliculas de Almodovar, pense que en este caso se habia jugado demasiado a ser nominado, despues, cuando , en el correr de los dias, se fue asentando el mensaje recibido, me di cuenta que no, que se juega , como siempre,  por su propia forma de contar una historia.. Y cual es esa forma? La de no tenerle miedo a los generos. Es admirable como Almodovar,( como Hitchkock, como Tarantino, y tantos otros realizadores), no le temen a caer en cursilerias, en dramati zar , en atreverse con temas por demas peliagudos, pero no por su truculencia, sino por estar en  el borde mismo del ridiculo. No, Almodovar tiene gran preferencia por este tipo de historias, y tiene el poder de saberlas manejar con maestria. En este caso., en el de La piel que habito, , Almodovar se juega a una historia truculenta, complicada y que aparentemente, tiene su centro neuralgico en el tema y sus vericuetos. Pero esto es solo en apariencia, , el centro neuralgico, como siempre pasa con este realizador, esta en las opciones, en sus elecciones, que, como decia al principio,no le teme a estar en el bordedel kitch, y sortearlo.

 Esto pasa con varios (y , para mi gusto, los mejores) autores, tanto cinematograficos como literarios , que no tienen miedo de atacar el folletin, el dramon u otro cualquiera de los generos clasicos(serie negra, western, , etc) y, por el camino de poner su punto de mira mas en el" como" que en el" que" logran hacer de su obra una obra de vanguardia.. Entonces , a traves de una eleccion tematica tradicional, llegan a una realizacion transgresora..Esta mezcla es lo que resulta mas fermental en autores como Almodovar. En general la mezcla es lo que hace avanzar al arte y a traves de esto,avanza tambien la concepcion de la realidad, del mundo y de la vida,. La mezcla es lo esencial para que el mundo avance, para que la "cabeza" de la sociedad  evolucione hacia la aceptacion y la tolerancia de lo diferente.

 

 

 

 LAURA BROITMAN                     

 

 

    

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IN MEMORIAM
16/01/2012 16:55
laura broitman

Asunto peliagudo el de la memoria. Es algo que te tiene constantemente en vilo, ves a una persona que sabes que conoces de alguna manera y el nombre, cosa del diablo, se ha ido a volar, se ha independizado de él o ella, pero especialmente de ti sin pedirte permiso y no es algo que se pueda soslayar. No es imperdonable en cuanto al sujeto pero sí, así lo consideras, en ti, porque ahí en esa oportunidad, te ha fallado la memoria y resurgen los temores de que está flaqueando, y donde acabará de ser así ya se sabe, algo horrible por esa estación a la que no se quiere llegar y por el proceso irreversible, una calle en un sentido solo, y no hay regla de tráfico que se pueda infringir para revertir el desarrollo de lo que no se quiere nombrar. Una digresión viene al caso. Lo que hoy en día es una frente que se va ampliando constantemente con el desierto ganando terreno sin cesar, hace muchos años estaba cubierto por una cabellera tupida y negra. Pero ya entonces la caída de cabello era casi imparable y el único, gracia sosa, que podía pararla era el piso. Estaba el viejo cuento al respecto, entre todos los chistes a éste le rehuía por superstición hasta muy avanzada edad cuando los interminables combates por retener algo de la cabellera habían sido declarados un fracaso y entonces me permití incluirlo en mi repertorio para satisfacción de algunos oyentes. Pero volvamos a nuestro asunto que, de paso, me conmina a adoptar la misma política respecto a los chistes sobre la falta de memoria que a veces cuento pero siempre con una sensación de incomodidad y a regañadientes si se quiere. En todo caso, luego de saludar al sujeto tratando de no mencionar nombres para no pasar calor haces lo posible por no llegar a ellos directamente sino intentas tantear por aquí y por allí, y como el fracaso está mayormente garantizado, abrevias en lo posible el encuentro que no soñabas que se realizara pero que se ha convertido en pesadilla que te persigue por algún tiempo hasta que, pues hasta que te olvidas del encuentro mismo. La cosa es diferente cuando ves una película, un espectáculo, una noticia o lo que fuere. Ahí no es cuestión de andar tanteando porque se trata de una comunicación, por llamarla así, unilateral. De ser el sujeto en cuestión alguien conocido, hay maneras de averiguar el nombre por internet mediante asociaciones que sí se me ocurren, una especie de labor detectivesca da con el dato buscado, pero ahí entra en juego otro factor. El internet es mucho más confiable que el tanteo arriba mencionado, pero recurrir a sus servicios supone una claudicación, el reconocimiento de un revés y, más que nada, una renuncia a ejercitar la memoria con las consecuencias serias que esa actitud implica, dependencias y finalmente pérdida porque si no se usa se pierde (en inglés esto rima, use it or lose it). Lo peor ocurre en las noches cuando uno está despierto, algo cada vez más frecuente y deprimente, y quiere acordarse del nombre de ese científico, o filósofo, o contratista, o actor, y la soledad y la oscuridad pesan, la angustia crece porque de pronto se mezcla la ausencia de esos nombres buscados con otros supuestamente familiares y el caos cunde, un barco a la deriva al final tiene que naufragar. Y por supuesto es impensable recurrir a cualquier tipo de asistencia, lo que le enseñan a uno es hacer asociaciones, mnemotécnica, series numéricas, colores, olores, gustos, cosas por el estilo pero no funcionan; la cabeza se llena de interrogantes. Esa actriz que he visto tantas veces, el nombre ha escapado, y no es cosa de renegar del nombre como le pide Julieta a Romeo, la cara la veo perfectamente, hasta alguna que otra escena, el apellido empieza con una pe o no sé, y de repente, surge, Nicole Kidman, ni pe ni ce ni ocho cuartos y a pesar de haber recordado el nombre, tal vez al cabo de unos días, me resulta raro, no le pega pero sé que sí. Me pregunto porqué no me puedo acordar de la empleada del contratista, le puse otro que sé que no es el correcto y no puedo moverme de él, cuando trato de combatirlo con alternativas, se cuela indefectiblemente y me vence una y otra vez. Pero en realidad, ¿qué importancia puede tener para mí? No obstante desde el momento en que surge el problema del nombre ahora desconocido u  olvidado, o lo que fuere, ya no importa su importancia en sí mismo, su importancia radica en el hecho que no me acuerdo y la angustia paralela se incrementa con cada intento fallido. El otro día hablé con ella para quejarme de que el trabajo se está estirando, aquí no terminaron el losado, la pintura, los rellenos entre las losas, y entonces ella me salió con enojo que si acaso no había notado que hubo fiestas, además mi nombre es tal. No le quise discutir, sólo le dije que no me estaban haciendo ningún favor y además ella debiera ser más cortés con un cliente, claro que podría ser que yo estuviera pidiendo peras al olmo, algo que no dije porque por ahí me discutiría también eso. De una cosa estaba seguro, uno no puede dejar de lado sus prejuicios naturales, no encontraría el nombre que corresponde, que fuera el auténtico, en el internet. En cambio sí figuraría el de un famoso filósofo francés que siempre tiene algo que decir sobre lo que sea, pero con el cual generalmente coincido y me parece bien ese activismo en lugar de quedarse recluido en lo que se conoce como la torre de marfil, eso debe venir de algún cuento pero no puedo ocuparme de todo o saber todo como algunos sabelotodos que aparecen en la televisión dando opiniones sobre no importa qué, las anteriores suyas se asemejan muchas veces a un camino en ruinas dejado atrás mientras ellos siguen adelante como si tal cosa. Esta noche, que bien podría ser otra cualquiera, me desperté varias veces pero a las cinco de la madrugada comenzaron de nuevo esos interrogantes sobre los nombres de gente que figurara últimamente en mis tentativas de aplicárselos aun sin haberlos conocido personalmente. Mi mente estuvo vagando de un nombre a otro, Kidman está fijada y al menos en el último tiempo no me ocupa, Ewan McGregor que actuó con ella en Moulin Rouge también reapareció pero de repente retornó el falso nombre de la empleada y todo ese edificio penosamente construido comenzó a desmoronarse aceleradamente. Ya no iban desapareciendo porque no aparecían, nombres que en otras circunstancias no me habían causado ninguna dificultad y de pronto mi denodada búsqueda se detuvo en el nombre del filósofo francés que rehusaba presentarse. Intenté con letras diferentes pero ninguna de ellas me condujo a algo de lo que estaría convencido, esto, de paso, me ocurre frecuentemente cuando dos entes interiores, un decir, entran en conflicto, la una, tal vez más racional dirá que el nombre de Joyce es John, pero la otra, más intuitiva, se niega a aceptar esa aseveración como correcta y luego de una discusión de la cual no soy parte pese a serlo, a veces se llega a un acuerdo sobre James, es un ejemplo representativo de las batallas mentales, que no campales físicamente. Se me presentó una página de un periódico, bastante borrosa, que no permitía discernir claramente el nombre del personaje, pero el artículo sin duda giraba sobre algo que había declarado, el tema tampoco podía inferirse por la misma razón. Empezó el desfile de una serie de nombres, entre ellos Henri, algo que me pareció un despropósito o mejor dicho no tanto a mí como a ese ente interior, pero el otro súbitamente agregó un Bernard y entonces como en un puzzle se llegó a la solución que fue aceptada por todos los entes involucrados, sin duda Bernard Henri Levy. Pero ahora quedaba el nombre de la empleada que tal vez no habría oído nada acerca de la existencia de ese hombre del pensamiento liberal, no necesariamente neoliberal sino auténticamente liberal. Tenía que hacer un esfuerzo, tal vez la tentación podría ser lo que habría que emplear. Que Bernard es buen mozo y que su éxito con el sexo femenino es notorio, no representa ningún secreto, también aparece de vez en cuando, es de suponer con un ligero disgusto, en las columnas así llamadas sociales, lo quiera o no, probablemente no se le pregunta. Pues entonces, ¿a nuestra empleada en cuestión no le gustaría figurar de alguna manera, estar asociada de algún modo, con ese hombre relativamente joven y famoso? Sin conocer a fondo a Inbal, ahí para mi sorpresa saltó el nombre, estaba ahora ya más seguro que no declinaría tal oferta. Pero tal vez ella viniera de una familia tradicional que no vería con buenos ojos estar liada con alguien a quien ellos verían como hombre disoluto y hasta promiscuo por sus ideas progresistas. Me tocaba a mí intervenir y hacer algo, también tengo que admitirlo, por un ligero temor de que si no diera con la idea adecuada los nombres desaparecerían y me hundirían de nuevo en la habitual angustia de esas circunstancias de incertidumbre e ignorancia. Ahí estaban los dos, extraños el uno a la otra y viceversa, no había mucho tiempo y este me compelía a actuar inmediatamente. Siendo ambos judíos la cosa podía ser más fácil pese al principio de embarazo, no lo que podrían inferir los malpensados que nunca faltan. No les pregunté pero decidí casarlos oficiando de testigo único, funcionario público auto capacitado para hacerlo. Los declaré marido y mujer y podría decir que si bien fueron tomados por sorpresa, no estuvieron disgustados con la idea, les anuncié solemnemente que podían besarse o tal vez le dijera a él que bajase la ceja de rastros de superioridad que aún quedarían ya que en el fondo no le había disgustado ese contacto, no por ser imprevisto, con el pueblo simple pero auténtico, que besase a la novia sin más ni más y no se hiciera el remolón, que había que asumir la responsabilidad, tal como lo hacía en otros terrenos. Inbal parecía contenta, probablemente abandonaría ese trabajo cargoso y lo cambiaría por una nueva vida de cultura, él podría ser su Pigmalión, lo cierto es que no hubo mayor oposición y pude descansar satisfecho de tanta actividad productiva, Inbal se entusiasmó ante el proyecto de ir a vivir en París, la alternativa era impensable, no tomé a mi cargo la misión de informar a sus padres, no me incumbía una vez lograda la unión que me trajo tranquilidad y hasta consideré que podría servir de precedente para otras noches; una vez logrado el objetivo me volví a dormir y al despertar a la mañana me felicité por haber vivido algo tan espectacular. No tenía dudas de que ese matrimonio duraría y prosperaría hasta que mi muerte los separara, fue ese el texto de compromiso que les recité en la breve y emotiva ceremonia nupcial y al cual nadie se opuso

 

HENRY WEICH

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CULTURA, INTELIGENCIA Y ERUDICION
14/01/2012 23:32
laura broitman

Cuando hablamos de cultura, no siempre se tiene claro que queremos decir con eso. No siempre se tiene clara la diferencia que existe entre cultura e inteligencia, cuando nos referimos a cultura e inteligencia individual.

  Es necesario, para clarificarnos, definir los dos conceptos y analizar su evolución a través de las distintas épocas de la Humanidad.

 Que entendemos por inteligencia y como esta se hermana o se diferencia del concepto de cultura?

 Asimismo, que se entiende por cultura (siempre refiriéndonos a lo individual)? Es lo mismo cultura que erudición?

 Es interesante observar de que manera van cambiando estos conceptos a través del tiempo, como se produce una distinción entre cultura enciclopédica y cultura especializada. Y de que manera, a causa de preconceptos que vienen de épocas anteriores, se asimila cultura con enciclopedismo y coloca en un lugar inferior, la especialización.

 Pero estos prejuicios, si bien son de uso popular, al mismo tiempo, y, en un doble mensaje, tan característico de nuestra sociedad, aplaude , preconiza y estimula la especialización como (casi) sinónimo de éxito.

 De la misma forma, el saber enciclopédico (es decir abarcador) se refiere, sobre todo , al saber artístico. Se asimila, asi, cultura con conocimiento artístico.

 Entonces para ir contestando las preguntas planteadas mas arriba, deberíamos hacer una distinción entre estos tres conceptos que han sido puestos sobre el tapete: cultura, inteligencia, erudición.

 Cultura , tanto de manera individual como social, es todo el saber, las tradiciones, los usos y costumbres , en un determinado momento y lugar. Tiene un sentido mucho mas amplio, y no solo significa una serie mas o menos amplia de conocimientos, sino que también abarca formas de comportarse y de estar en el mundo, en el aquí y el ahora.

  La inteligencia tiene un perfil diferente, en primer lugar , es mas individual, no depende de la cultura, no depende del papel que tenga el individuo en la sociedad ni de sus conocimientos.

  El concepto de inteligencia también ha cambiado con las épocas. En la actualidad este concepto es mucho mas pragmático, se busca y se pondera un tipo de inteligencia capaz de adaptarse  y de conseguir el éxito , una inteligencia útil.

 Y  esta utilidad depende de lo que se entienda por éxito en cada sociedad, la inteligencia no depende de la cultura. Al mismo tiempo, es algo innato , no se adquiere, se educa , se adapta, pero no se crea de la nada.

 

La erudición, por su parte es la que menos definiciones necesita, pero es , al mismo tiempo , el concepto mas confuso, se lo confunde, a veces con la inteligencia y casi siempre, con la cultura

 Cual es el papel que tiene el arte, el conocimiento humanístico en general y artístico en particular, dentro de la concepción de estos tres referentes que estamos observando? Es un papel preponderante , porque en un cierto nivel no analítico, son casi equivalentes.

 Pero antes hablamos del doble mensaje tan común en casi todos los ámbitos de la cultura (de todo tipo), y en este caso la premisa se cumple también: al mismo tiempo que el arte es símbolo de lo mas excelso, lo mas elevado, etc. , es, en virtud de ese alejamiento, relegado a ordenes de la vida que no tienen que ver con la realidad. Mientras que si se lo colocara en su lugar, o sea, como formando parte de la cotidianidad, como formando parte de la inteligencia "útil" en todo el sentido de la palabra,este, el arte, seria un elemento" necesario", y no un ornamento de seres sofisticados.

 Pero esto no depende de nadie mas que de nosotros mismos, comenzar a cambiar conceptos arraigados y atrasados, que ,para lo único que sirven es para retrasar la evolución social.

 

                                 LAURA BROITMAN

 

 
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EL PAPEL DE LA MUJER EN LAS RELIGIONES
14/01/2012 22:08
laura broitman

Como en muchas otras notas anteriores, quisiera empezar esta  por algunas preguntas que plantean otras tantas dudas que seria bueno poder dilucidar.

  Por que en el origen de las religiones monoteístas (por lo menos, y  a estas quiero referirme)el papel de la mujer es, en el mejor de los casos, secundario, y en otros, tristemente cercanos, la mujer como tal no goza de ninguno de los derechos humanos?

  Por que han sido los hombres los creadores de casi todos los elementos culturales conocidos, tanto los de signo positivo y , los mas , de signo negativo?

 Por que la mujer a lo largo de la historia se ha conformado con este segundo puesto en que , aparentemente, la ha relegado el varon?

 Es que la mitad de la población mundial (los hombres) para sentir que valen deben desestimar a la otra mitad (las mujeres)?

 Si esto ocurriera a nivel personal (que por supuesto también ocurre) los psicólogos no tardarían  en analizar al individuo y encontrar en su historia signos de falta de amor, de complejos de inferioridad, de temor frente al sexo en general y frente al sexo femenino en particular.

 Pero ocurre en la sociedad global (en este caso en signos y simbolos de la sociedad como son las religiones) y yo, que no soy antropóloga, no tengo la respuesta. Lo que si tengo es clarísimas muestras de este relegamiento  o castigo al ser femenino de manera muy cercana :pensemos en la religión musulmana y los castigos a las mujeres si se sienten duenas de sus cuerpos y sus vidas. Sin ir mas lejos, pensemos también en la religión judía y el relegamiento de la mujer a su papel de madre y mantenedora de la tradición. Pensemos en  las ropas que las mujeres en casi todas las religiones son obligadas a usar, etc. ,etc.

 Esto ultimo, el uso de ropas obligatorias es sintomático :el cuerpo de la mujer es lo que representa un peligro (????) y es muy extraño como a través de los siglos y a pesar de los cambios cualitativos de las sociedades, influidos por los cambios científicos, tecnológicos y artísticos, una gran parte de la población mundial pueda seguir adherida a esos atavismos de todo punto de vistas anacrónicos e injustos.

 Como dije antes, no soy antropóloga y no tengo una respuesta satisfactoria a estos interrogantes. Lo mio  es la literatura, y por esa razón me referiré a lo que de literario pueda tener este fenómeno (que por común no es menos extraño).

 Las religiones que han durado tantísimo tiempo, están (condición sine qua non) avaladas, refrendadas, entronizadas por sendos libros que son los que les dan validez, y, para muchos, incuestionabilidad.

 Esto nos habla del poder de la palabra y de la palabra escrita mas concretamente.

  Hace un tiempo había comentado en otra nota, el poder del lenguaje de crear realidades que puedan o no coincidir con la realidad objetiva, el lenguaje puede describir realidades o, también crearlas, el poder de la literatura es tal que esa nueva realidad lingüística puede  incidir y cambiar la realidad objetiva (suponiendo que esta exista y quiero creer que si).

 La puede cambiar en un sentido , por lo general positivo, provocando una apertura mental capaz de recibir cosas nuevas, diferentes o "raras".

Pero también puede incidir de manera negativa, entronizando valores viejos, gastados o injustos. Esto depende del modo y de la intencionalidad que guía esa manifestación artística (que es lo que es en definitiva toda obra literaria, incluidos los textos llamados "sagrados")

 A mi juicio , y si consideramos lo antedicho sobre el rol de la mujer en las religiones, esto ultimo es lo que sucede con las obras literarias de que echan mano las religiones: obras que son interpretadas en el peor sentido de afianzar valores negativas que dejan (además de otras criticas que puedan hacerse) a la mitad de la humanidad , de manera discriminatoria, en el peor de los lugares.

 Creo que ya va siendo hora de que las mujeres dentro y fuera de las religiones recalcitrantes, tomen las riendas de su propia vida , y el primer paso seria tener conciencia de que las cosas son asi porque dejamos que lo sean , no hay un dictado "divino" que justifique la discriminación. En ninguno de sus aspectos.

 

LAURA BROITMAN.

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ARTE DESCARTABLE
14/01/2012 21:46
laura broitman

La idea aparecio a raiz de la observacion circunstancial de un platito de postre: con sus dibujitos se parecia tanto a un platito descartable que me di cuenta que, tanto los platitos descartables quieren asemejarse a los "reales", que terminan ,estos últimos, pareciendose a los descartables. Esto, que parece un trabalenguas , podemos traducirlo , y generalizarlo, trasladándolo al terreno de la cultura general: de tanto querer , la ficción , parecerse a la realidad,la realidad termina pareciéndose a la ficción.  Que quiero decir con esto? Quiero corroborar la idea de la implicancia del arte en la realidad . Es tal esta incidencia que se influyen e interaccionan una con el otro , en una madeja intrincada muy difícil, a la larga, de desentranar.

 Las artes mas alejadas de la realidad (estoy pensando en  el teatro moderno, o el baile ) no corren ese riesgo de verse compelidos (por algunas corrientes de pensamiento y también por el gusto popular) a imitar la realidad y provocar esa confusión entre uno y otra. Aunque si corren otros riesgos. Uno de los mas frecuentes es la caída en la simbología. Como si no se pudiera soportar ese alejamiento de la realidad sin justificarlo de alguna manera. Y esa manera, es ese acercamiento a la realidad por caminos indirectos, que implica la utilización de elementos artísticos para "querer decir" sobre la realidad.

  Cuando esto no ocurre, o ocurre de una manera controlada , el producto se vuelve mucho mas difícil de "consumir" (lo mismo que pasa con los platitos descartables que parecen exactamente eso: se venden menos o mas baratos).

  De lo que se trata es de educar el gusto del gran publico (o sea de todos) para soportar el arte que no sea ni una copia de la realidad, ni una interpretación "artística" de la misma. A soportar y , sobre todo, a apreciar, el arte que sea un (como decimos siempre) fin en si mismo. No porque nos situemos en una altura desde la que apreciar un arte de altura, sino porque este arte que no significa mas que arte , tiene otros objetivos: incidir en ese gusto educable, que por habito (la educación incluye el habito, ya se sabe) termine resultando en una "inteligencia" capaz de apreciar lo nuevo y diferente. Y (a esto también nos referimos varias veces) no solo a lo nuevo y diferente en el ámbito artístico, sino también, y lo que es mas importante, en todos los ámbitos.

 Cuando asistimos a una obra teatral o a un concierto o a un ballet , para retomar los ejemplos anteriores, donde lo que se privilegia es el medio mas que el mensaje (para decirlo de alguna manera), donde lo que interesa es la propuesta de un lenguaje diferente que se distinga del lenguaje realista y facilitador, debemos tener (como para casi todo) una mente abierta,  no precipitarnos en los juicios descalificadores, porque lo que no entendemos no es, necesariamente, lo que no sirva, sino que , la mayoría de las veces, es lo que nos hace evolucionar.

 

                                                       LAURA BROITMAN  
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